COMENZAR A ESCRIBIR
Actividad 1
Qué es escribir
Escribir implica elegir un vocabulario y combinar las palabras seleccionadas. Escribir se reduce a escogerlas en el inmenso caudal del idioma y a ordenarlas, unas junto a otras, en una cadena sintáctica. De cómo seleccionarlas y ordenar las palabras se trata este Taller.
Elige copiloto
Antes de empezar el curso debes escoger un copiloto. Es necesario que elijas un compañero, que puede ser un familiar, un amigo, una mascota. El copiloto no participa activamente en el curso, pero sobre él irán basados la mayoría de ejercicios que haremos.
Actividad 2
La inspiración
La inspiración puede ser un momento, un período que puede ser largo o corto. Lo que podría llamarse inspiración es la selectividad con que se escoge un tema de la realidad.
Ante un hecho ocurrido, una persona puede tener una mirada distinta. Lo siguiente es el significado que eso gana para uno: te fijaste en algo que te dice cosas que habitualmente no dice al común de los mortales. Viene después un momento que es difícil de explicar: el momento en que eso se va convirtiendo en palabras: es el tránsito de la idea a la palabra del escrito. Parece una gran caída, pues a veces se siente una enorme distancia entre la idea y la palabra con que se traduce. Y, por último, el momento en que la palabra "literaria" se tiene que hacer escritura. A veces eso ocurre en 24 horas, pero puede demorar días, meses y años. ¿Qué es la inspiración? ¿Será la selección del tema, el momento de encontrar las palabras, o será el instante en que se determina que ya se puede escribir? Es una voz interior. Sin eso no se podría escribir.
Actividad 3
Primer relato
Escribir un texto (relato, poesía, recuerdo, pensamiento...) inspirado en una obra del autor que más nos agrade, nos guiará en la escritura que queramos realizar.
El relato es una narración, puede ser un cuento.
Debes buscar una fotografía de un amigo, familiar o de alguna publicación y escribir el retrato del personaje fotografiado ( descripción física y psicológica) e incluirlo luego en una situación.
Actividad 4
Descripción directa:
Cada personaje es retratado del modo más completo y objetivo posible: se nos dice dónde nació, la profesión y clase social de sus padres, dónde se educó, etc.; se nos describen sus rasgos físicos; se nos habla de su situación económica, de su carácter, incluso de sus pensamientos más secretos, pues el narrador omnisciente, como su nombre indica, lo sabe todo. Es lo que podríamos llamar una descripción directa.
Hallamos muchos ejemplos de descripción directa en La Regenta:
"Olvido era una joven delgada, pálida, alta, de ojos pardos y orgullosos; no tenía madre y hacía la vida de un idolillo próximamente, suponiendo actividad y conciencia en el ídolo. La servían negros y negras y un blanco, su padre, el esclavo más fiel. Ni un capricho había dejado de satisfacer en su vida la niña. A los dieciocho años se le ocurrió que quería ser desgraciada, como las heroínas de sus novelas"
Descripción indirecta:
En muchas novelas del siglo XX que usan como narrador a un personaje, ya sea protagonista o testigo, o bien un narrador en tercera persona situado en el punto de vista de un personaje, la descripción de los otros personajes, al estar "filtrada" por la subjetividad de un determinado punto de vista, resulta parcial: el narrador no dice cómo es ese personaje, sino el efecto que a él le produce; no nos da una información completa sobre él (pues no la tiene), sino sólo los detalles que conoce.
A este tipo de descripción, que en vez de darnos una información exhaustiva sobre el personaje, se fija en algún detalle de su persona (la voz, el peinado, un gesto...) o de su entorno (las fotografías que tiene sobre su escritorio, por ejemplo) la podemos llamar descripción indirecta.
En la novela de Ana María Matute Primera memoria, las protagonistas, una abuela y su nieta (que es la narradora), se caracterizan por un objeto al que están apegadas:
"Mi abuela [...] llevaba casi siempre un bastoncillo de bambú con puño de oro, que no le hacía ninguna falta, porque era firme como un caballo"; "Menos mal que llevé conmigo, escondido entre el jersey y el pecho mi Pequeño Negro de trapo -Gorogó, Deshollinador-, y lo tenía allí, debajo de la almohada".
Es un manera indirecta de mostrarnos el carácter de cada una: La abuela, además de rica, es autoritaria; la nieta, apocada, temerosa, necesitada de cariño.
La descripción directa raramente se practica en la literatura contemporánea. La descripción indirecta es más sugestiva, pero tiene un inconveniente técnico: es muy incompleta. Si queremos crear un personaje convincente, no podemos contentarnos con describir, por ejemplo, sus zapatos; tenemos que dar más información sobre él. Habrá que buscar otros recursos: por ejemplo, que el mismo retratado hable o actúe, o que un tercer personaje suministre datos complementarios.
Ejercicio I:
Hacer una descripción directa de una de estas dos personas (15-25 líneas):
a) Un hombre guapo, egoísta y vanidoso, viudo y padre de cinco hijos.
b) Una mujer vieja, gorda, pobre, que ha tenido una vida muy difícil.
Ejercicio II:
Hacer una descripción indirecta, en 10-20 líneas de uno de estos dos personajes:
a) Una mujer burguesa, antigua alumna de un colegio de monjas, por su voz.
b) Una mujer bella, enfermiza, muy religiosa, por sus manos.
Actividad 5
El personaje retratado por sí mismo
El personaje puede ser descrito por el narrador, pero en vez o además de ello, también puede "retratarse" a sí mismo por cómo actúa, cómo habla, cómo piensa, cómo escribe...
El personaje retratado por sus actos:
Antes que afirmar que tal o cual personaje es charlatán, o elegante, o egoísta, o cruel, o frívolo, etc. siempre será mejor dejar que actúe, siguiendo ese principio general de la escritura que nos dice que debemos mostrar, no explicar. Un ejemplo: Pascual Duarte, el protagonista y narrador de la novela de Camilo José Cela La familia de Pascual Duarte, termina el primer capítulo de su relato hablando de su afición por la caza y de una "perrita perdiguera" que le acompañaba a cazar. Esta perra, afectuosa y leal, era casi su amiga: "Se entendía muy bien conmigo", dice. Un día, Pascual se fija en la mirada de la perra, que le parece "la mirada de los confesores, escrutadora y fría". "La perra seguía mirándome fija, como si no me hubiera visto nunca, como si fuese a culparme de algo de un momento a otro." Y de pronto: "Cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura y pegajosa que se extendía poco a poco por la tierra". De este modo, a las pocas páginas de empezar el relato, ya sabemos que el protagonista es un hombre imprevisible y violento, con tendencia a sentirse perseguido.
El personaje retratado por sus palabras (monólogo interior):
Hemos visto que el personaje puede revelarse en sus actos; pero también sus palabras le retratan. Esas palabras pueden expresarse exteriormente o sólo formularse en el fuero interno. La palabra interior es la que no sale del pensamiento. Se trata del monólogo interior o del flujo de conciencia.
He aquí, por ejemplo, un monólogo interior, el de un hombre viejo que agoniza en un pueblo abandonado, del que es ahora el único habitante: "A partir de este instante, el recuerdo se rompe en miles de partículas, en un vaivén confuso de imágenes febriles que apenas puedo ya reconocer como vividas. Hay en mí, sin embargo, un vapor de memoria, una luz muy lejana que ilumina la noche y rescata recuerdos del umbral de la muerte. Sabina apareciéndose detrás de la ventana. La perra estremecida aullando tras la puerta. Sabina arrodillada al borde de la cama. La perra devorando mi mano tumefacta. Ahora pienso que aquello era sólo fiebre, la zozobra de un sueño que ha durado hasta hoy..."
Julio LLamazares. La lluvia amarilla.
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